Pasos hacia la honestidad intelectual

Es una buena noticia la reincorporación del mapa representativo de Catalunya a la gobernabilidad del Estado, pero es importante el cuidado de los detalles relevantes y la observancia de ciertas cuestiones de fondo, valga la paradoja.

Los primeros años de la segunda década de los 2000 estuvieron caracterizados por la efervescencia en España de movimientos que contestaban a un status quo desgastado por inercias, también de fondo, que se asomaban a la opinión pública de una forma evidente. Eran años de crisis económica, con movimientos como el propio procès independentista o los de izquierda del 15-m que desembocaron en nuevas formaciones políticas llamadas a renovar el espacio progresista. El status quo, en una conclusión que me llega al cabo de los años, seguro que tembló.

Eran, considero, movimientos que perseguían una modernización que sin duda es deseable. La definición de lo que significa ese concepto de “modernización” es algo absolutamente subjetivo, a veces dispar en el propio seno de los movimientos que la reivindican y, sin embargo -y también- el elemento clave cuya coincidencia en su consideración crea las verdaderas condiciones del progreso.

Hubo un primer momento de alineación de los diferentes espacios alternativos que se dio cuando el Poder Judicial sirvió una sentencia que vinculaba al Partido Popular con la corrupción sistémica. El PSOE presentó una moción de censura con la portavocía de José Luis Ábalos. Todos los actores que representaban los movimientos de regeneración rupturista la secundaron.

Todos hemos asistido a un lento afianzamiento de las posibilidades de gobernabilidad desde entonces. El paso hacía la conformación de estos espacios como actores activos en la gobernabilidad del estado genera brechas internas en las formaciones y el escorado hacía el extremo de espacios hasta ahora “core” del estado.

La deshonestidad intelectual que fue el motor -la base reivindicativa- de los movimientos antes mencionados vuelve a estar encima de la mesa en estos tiempos. El poder judicial vuelve a señalar distancias entre relato y naturaleza del poder. Distancias que son el fundamento de desventajas en las oportunidades y generadoras de ineficiencias, más allá de consideraciones sobre lo que estas provocan en los principios que rigen las sociedades.

Si bien “honestidad intelectual” es, como le pasaba a “modernización”, un término grandilocuente de compleja significación, es importante que en ese largo proceso que nos puede llevar a ese indeterminado destino tengamos el tiempo de parar, reflexionar, e, incluso, arriesgar algún metro en la pugna por los espacios de poder para asegurarnos que los participantes supongan, al menos, algún paso hacia eso que venimos en llamar progreso.