El must del mundo globalizado: La orientación al mercado.

Utilizando el recurso weberiano de los tipos ideales y aplicándolo al concepto de mercado, definámoslo como la interfaz clásica de asignación de recursos y bienes. Mercado como punto de encuentro de los diferentes operadores para la entrega y generación de valor, sin menoscabo de los fallos (nativos o negligentes) que quedan fuera de su dimensión ideal, entre los que están las externalidades y aquellos otros sin doctrinas claras para su remedio (léanse inevitabilidades cíclicas o desigualdades contraproducentes, por ejemplo).

Problemas derivados de la falta de orientación a mercado

La falta de orientación a mercado implica distorsiones en la salud competitiva de las empresas que se transmiten a la sociedad en forma de mecánicas de asignación de recursos regresivas y, en definitiva, focos de ineficiencias económico-sociales. El sostenimiento de estas desviaciones se puede deber al mantenimiento de redes clientelares o corruptelas que dificultarían los mecanismos naturales del mercado para su reequilibrado haciendo necesarias ciertas formas de tutela legal y mecánicas de defensa de la competencia. La no orientación a mercado por mera inobservancia, despiste o inaptitud, simplemente conlleva falta de capacidades competitivas y reposicionamiento forzado de los agentes.

Los procesos de integración que venimos constatando, facilitados por sus dimensiones tecnológicas, económicas o sociales, incorporan nuevos contrapesos derivados de la propia interacción entre agentes fomentando la convergencia y modernización de los modelos. Este trayecto, de la fiscalización «interna» a la convergencia en red, bien podría relacionarse con el cambio de paradigma que nos lleva desde el gobierno a la gobernanza.

Rubén Ortiz

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