Los bienes y servicios intensivos en el uso de tecnología conforman sectores de demanda expansiva y se caracterizan por su menor elasticidad-precio, amplios márgenes y la aplicación de procesos de innovación es sus mecánicas de desarrollo. Al ser intensivos en conocimiento, la capacidad de generar ventajas comparativas pasa por la existencia de una red de actores que desarrollen propuestas de mercado colaborativas y diferenciales. Este entramado de agentes ha venido en llamarse sistemas de innovación y esta formado por organizaciones de variada naturaleza, tanto en su capital (públicas, privadas..) como en su dimensión territorial/sectorial.
Universidades, organismos públicos de investigación, centros de transferencia tecnológica, asociaciones empresariales, cámaras de comercio e incluso instituciones financieras están en la base de los sistemas de innovación.
Los roles públicos y privados en los sistemas de innovación.
Como decíamos, los procesos de innovación juegan un papel clave en el desarrollo de propuestas de mercado. La innovación, en tanto que fenómeno que incorpora externalidades en ambos sentidos, -incertidumbre financiera inherente y beneficios sociales potenciales-, debe ser objeto de la política pública. Hay unanimidad en señalar la importancia del rol público en la investigación básica y en todas aquellas fases del ciclo de innovación que por su naturaleza incierta y distante a la línea temporal de comercialización no atraen el interés del capital privado. El reconocimiento de las diferentes fases que se dan en los ciclos de innovación y el foco en aquellas que por razones de incertidumbre deban ser ejecutadas por el sector público es una habilidad propia de las administraciones emprendedoras.
La identificación de las áreas de conocimiento con potencial de impacto social es otro elemento a considerar. Es importante el trabajo en red y la incorporación del expertise comercial del sector privado en el impulso investigador público para asegurar la orientación a mercado y el retorno social de la inversión. No toda investigación deberá tener puestos los ojos en beneficios empresariales, pero sí deberá tener componentes de avances sociales que son mejor definidos si la toma de decisiones se realiza de manera conjunta por todos los agentes que forman parte del sistema. En todo caso, también será objeto de responsabilidad institucional asegurar el retorno social de los recursos públicos que han servido de base para la generación de beneficios empresariales que garanticen el win-win de las partes.
Los riesgos de extralimitación en la asignación de responsabilidades entre operadores es variado y un área habitual de malas prácticas lo encontramos en las administraciones públicas donde es habitual caer en la trampa de disociar el conocimiento de campo respecto del técnico en despliegue. Al tratarse de espacios desconectados de los mercados, además, se hace difícil su evaluación, pudiendo convertirse en colaboraciones publico-privadas opacas y desenfocadas. Es importante subrayar la importancia de la implicación y supervisión del «operador natural» de la materia objeto de la externalización (en este caso administración pública) para el éxito de los proyectos. La base de los sistemas de innovación es la existencia de un conjunto de operadores plural, dinámico, que cubra la totalidad de fases del ciclo, competentes y, sobre todo, responsables de su propio campo de actuación.
Es común la reivindicación del intermediario público como precursor y dinamizador del ecosistema, aunque esta no es necesariamente su función natural. Los líderes serán producto del consenso de utilidad por su comprensión del end to end de los procesos de generación de valor, independientemente del sector desde el que operen. En este sentido, es más importante el estadio del time to market en el que se encuentra el proceso a fin de determinar el eslabón oportuno que debe desarrollar el mayor factor de empuje. Es de esperar, como así fue, que el liderazgo del fenómeno «tecnologías de la información» fuese a cargo de las agencias gubernamentales, en el caso, americanas, en su fase inicial de investigación básica, de la misma manera que fuese el tejido productivo privado el que posteriormente protagonizase los desarrollo comerciales derivados.
La naturaleza interactiva en la génesis de los procesos innovadores los aleja de la linealidad, otorgándoles comportamientos «emergentes» que hacen que sea difícil establecer apriorismos de coste-beneficio. No existe una correlación directa entre inversión y resultados en forma de generación de patentes, mejoras competitivas o aumentos del PIB por lo que es importante que, tanto a nivel privado, como, y especialmente, público, abandonemos la retórica y las iniciativas meramente estéticas por muy voluntariosas que se pretendan si no están amparadas bajo el más firme conocimiento. De nada sirve proyectar estos ecosistemas en ausencia de los actores necesarios para llegar al umbral de sofisticación necesaria para generar espacios en los mercados. La innovación se hace desde abajo, se lidera desde el conocimiento transversal y no por invocarla hace acto de presencia.
Capacidad financiera, pool de conocimiento y la adecuación del tejido productivo son los tres lados del triangulo que forman los sistemas de innovación con alta capacidad de impacto
La inversión privada y su función en los procesos de innovación orientados a mercado.
Ya desde tiempos del Tratado de Lisboa tenemos la idea en la UE de la importancia de acercarnos al modelo de innovación anglosajón de inversión mayoritariamente privada, alejándonos de lo que se vino en llamar «la paradoja europea», caracterizada por alta inversión pública y poca aplicación productiva. Si bien las nuevas realidades pandémicas y el empuje del modelo chino han abierto el debate, la prevalencia de la financiación privada está fundamentada en la premisa de que la existencia de agentes dispuestos a invertir capital propio en el proceso innovador asegura la ausencia de azar moral. La opción de financiación y ejecución pública por sí sola, como venimos diciendo, corre el riesgo de centrarse en dimensiones investigadoras alejadas del mercado, sin aplicabilidad comercial o social de facto.
En este sentido, y para mitigar las «contraindicaciones» propias de las políticas que fomentan la función innovadora privada, la introducción de elementos de subsidiaridad de los riesgos entre los agentes públicos (impulsores) y privados (desarrolladores) asegura una mejor definición de las iniciativas objeto de ayuda financiera del policy maker asegurando la implicación privada en los programas de los que es beneficiaria, premisa muy a tener en cuenta en tiempos de los famosos Next Generation.
El reto es poner foco en la existencia del talento necesario para, ya sea desde una óptica pública (push) o desde las empresas que conocen el mercado (pull), desarrollar un entramado equilibrado en todas las fases del proceso de innovación. Para el conocimiento entre actores, construcción de sinergias y detección de oportunidades, los sistemas de innovación son el punto de encuentro y objetivo último de toda política de gobernanza competitiva.