Nada nuevo decimos cuando hablamos del papel dubitativo que está teniendo la UE en todo lo relativo al tema Ucrania. Lo habitual: falta de liderazgo, de definición de una política interna y externa.. los sospechosos habituales.
Para describir el punto geopolítico en que estamos se hace alusión al concepto de la trampa de Tucídides, concepto metafórico que nace en la época clásica y que viene a decir que previo a un reordenamiento de la correlación de poderes lo normal es que haya hostias. Es como una suerte de horizonte de sucesos a partir del cual la gravedad ejerce su atracción irremediable hacia el centro mismo del agujero negro.
Ucrania puede ser el comienzo de una campaña de EEUU para organizar el nuevo orden global que se avecina y a la vez el punto de aproximación al agujero negro en que, rebasado el horizonte de sucesos, notamos que la gravedad empieza a tirar. A día de hoy andamos intentando identificar si esa fuerza va a ser vertiginosa o más bien progresiva desde nuestra posición de espectadores.
Todo esto coge a Europa distraída en lo que supone una ocasión perdida (otra) de ganar peso específico en los procesos de conformación y reajuste de correlaciones. Europa tiene subcontratada la política de seguridad en EEUU y eso nos deja en fuera de juego para poder liderar las decisiones que se toman en occidente. Si hacemos una analogía con el mundo de la empresa, la política internacional se podría comparar con un plan de marketing donde la seguridad militar juega un papel estratégico. Si renuncias a ese elemento te expones a que las decisiones tácticas que tomes puedan revelarse contrarias a la estrategia que emerja cocinada al otro lado del océano. Con eso juega Washington. La prevalencia de los intereses económicos domésticos en la toma de decisiones del ámbito comercial europeo ha ignorado la dimensión de seguridad fomentando comportamientos a medio plazo erráticos y contra estratégicos. El cortoplacismo comercial, la dependencia energética y la ausencia de integración política complican especialmente una ecuación donde la incógnita la despeja EEUU.
Si no hay competición interna, no hay política.
Hay un refrán, somalí para más señas, que dice «Yo y Somalia contra el mundo; yo y mi clan contra Somalia, yo y mi familia contra mi clan; yo y mi hermano contra mi familia; yo contra mi hermano». Esa corriente de pensamiento, aplicando un filtro de sana competición, nos conduce a la conclusión de que la primera de las luchas europeas debe ser en su propio frente y con la mirada puesta en ganar peso en el mapa geopolítico resultante después de cada uno de los horizontes de Tucídides que se vayan dando. La soberanía como capacidad de influencia.
La ausencia de una unión estratégica deja en manos de los estados la definición de posiciones en el escalado de un conflicto con quien hace seis meses firmábamos un acuerdo para la construcción de un gasoducto (cortoplacismo comercial, dependencia energética..). Teniendo en cuenta que se trata de un episodio de conflicto en el mismo patio de Europa cabría esperar una Bruselas con más mano de gobierno en los antecedentes que manejamos, ciertamente.
Entretanto, el 99% de la población que vivimos ajenos a los intereses de este viaje integramos la cuestión en nuestros posicionamientos del día a día, ya sea a favor o en contra de la posición del gobierno local y de Washington, por añadidura. Yo y mi clan contra Somalia, yo y mi familia contra mi clan, ahí sí.