Teoría de la coalición

3 años después de investir al primero de los gobiernos de coalición de ascendente progresista-autonomista – sensible a la pluralidad identitaria -siempredentrodelalegalidad (-esoyaloveremos)-, seguimos sin detectar una distribución estable de cuota de relato entre los diferentes participantes, entre los que incluimos a partidos de gobierno y socios naturales para el desarrollo legislativo.

La disparidad narrativa es tal que ya no solo hablamos de parálisis de gobierno, directamente nos podemos referir a la parálisis del discurso, obligando a las distintas fuerzas a proyectar, de lo sutil a lo evidente, posicionamientos incompatibles mayorías-adentro para no ser acusados de desfiguración programática por las bases.

Generalmente, si se quieren ocupar posiciones en la órbita del gobierno, la premisa es jugar al equilibrio entre el discurso necesario y el posible (el encuadre de la foto de Alfonso Guerra). El problema en este caso es la, digamos, deuda de relato.

Llamemos así a la definición de las capturas que provoca el uso de discursos que no se corresponden ni con hechos ni con resultados. Esta deuda tiende a comprometer, masa social mediante, el discurso necesario (exigido) de las siglas que lo han explotado en el pasado y puede acabar vaciando el área común entre lo necesario y lo posible asfixiando las opciones de existencia de un producto de gobierno. A falta de elementos de común denominador factible, se tiende a caer en inocuos discursos-fantasía de productividad 0 que amagan eternamente con romper la baraja del indefinido juego de poder en que andan con pasos incómodos.

En el ala progresista hay escuelas, y bien está que así sea. Podemos cargar las tintas contra la incursión de posiciones de ultraderecha, y no nos estaremos equivocando. Pero si nos quedamos ahí no vamos a atajar el principal problema que no es otro que la literal inexistencia de una mayoría progresista que comparta una agenda política mínima con capacidad de sustanciar un discurso mayoritario. Sin eso, no hay país.

La democracia liberal necesita del debate, de la dialéctica entre realismo e idealismo que define las sociedades avanzadas. Lo inaudito es contraponer realidad a fantasía como cuerpo ideológico. Eso es ocupar las estructuras democráticas poniéndolas en riesgo. El embate de las autocracias es serio, y tiene que ver más con elementos estructurales que con dinámicas geopolíticas.

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