Los gurús del cambio de conducta: primeras lecciones.

El Gran Hackeo no dice que Marck Zuckerberg parece un robot en la comisión de investigación por el caso Cambridge Analytica en el Congreso de EEUU. Ni un guiño al respecto de los guionistas. Nada. Esta falta de compromiso -y decoro- con lo realmente relevante solo puede ser debido a rasgos diferenciales, aproximación diferente de lo gracioso de los de Netflix. O a que con la iglesia hemos topado.

Lo más interesante del documental es el análisis de un proyecto que realizó la consultora en Trinidad y Tobago. Y es que, más allá de las grandes potencias, Cambridge Analytica también condicionó elecciones en países modestos. En este caso, la estrategia pasaba por introducir un elemento de desmovilización para que una de las dos comunidades mayoritarias del país, la de los de color, se abstuviese en las siguientes elecciones. La de los indios (los otros) se benefició de la maniobra propagandística en detrimento de la Trinidad y Tobago negra. El ardid se basaba en que el movimiento de desmovilización operaba para ambos grupos con la particularidad que el de los indios, por un tema cultural, se adhería al movimiento para después no cumplirlo. Y acababan votando. Este comportamiento con connotaciones de postureo dejó en fuera de juego al partido del eterno rival, más romántico, que permaneció fiel a sus actos. He aquí un caso de segmentación de campaña que se da en la esfera privada, la de la propia cultura, donde un mismo input es percibido como ficción por unos y propuesta pura por otros.

Y también se habla del caso Trump (cómo no), señalando el potencial analítico/comunicativo que tienen las costuras del ego que se destilan de toda palabra o hecho -el IoT hará que lo factual tenga nuevas aplicaciones, siguiendo el «todo es texto» de Derrida-. Lo que no dice son los pies de barro de este proyecto tan mediático que, cuatro años después, no ha podido evitar el prefijo «ex-» en cualquier aproximación descriptiva que queramos hacer al que fuera aspirante a magnate global, Donald Trump.

Rubén Ortiz

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