De Cambridge a Barcelona

“Con el nuevo alcance, esto se alargará unos días más. Nos vemos en Nápoles”. Escribía un Bartomeu entre la espada y la pared a uno de los empleados del club que han abierto la caja de pandora de la investigación judicial en ciernes. Se trataba de un vano intento de controlar lo que se le había ido de las manos: su ocurrencia fatal entre lo poco ético y lo ilegal le llevaba esos días a una huida hacia adelante que no tenía un final claro.

El relato de los hechos tiene mucho de contemporáneo y baraja el data driven marketing, la instrumentalización de la publicidad institucional y el incumplimiento de los mecanismos de control internos para llevar a cabo objetivos personales que nada tienen que ver con los de la propia organización. Tiene especial interés en cuanto a la definición de los nuevos mapas de relación que conforman las reglas de juego del diálogo incremental que se viene dando entre lo viejo y lo nuevo. Lo que fue previsto y lo posible. La analógica y el digital. Es el Cambridge Analytica al oeste de nuestra Diagonal.

Esta naturaleza híbrida entre pasado y presente es la que le otorga su condición de caso de transición; problemáticas puramente digitales (propaganda data-powered) conviven en él con prácticas de origen primitivo (publicidad institucional-personalista, no compliance), aderezadas todas ellas con un tinte de vodevil autóctono que lo hace verdaderamente entretenido.

Jaume Roures, uno de los objetivos que pretendía perjudicar la pata propagandística de la trama, nos alertaba, en alusión al expresidente y sus palmeros, sobre la necesidad de “realizar tests psicotécnicos a toda esta gente”. Y de momento, ciertamente, no hace falta añadir nada más.

Rubén Ortiz

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