Todo lo que estamos viviendo tiene que ver con la enorme pandereta que es España. La comunicación política la delimitan dos ejes, que llamaremos eje Sanyuso (Sánchez-Ayuso) y eje Ayuente (Ayuso-Puente), que vienen a ser el mismo eje, y que contienen todo el área que comprende el debate político del país.
En ese área cualquiera que hable mal de uno está en el lado apuesto y, más desafortunado, aquel que hable mal de los dos, es ventajista. Por inteligente. En España es ventajista ser inteligente. El que lo es, que por lo menos lo sea de forma comedida, mejor calamitosa. O desde el ostracismo.
Esa pandereta desactivó desde dentro «el procés», genuina manifestación de bolsas de ingenuidad española que son subsumidas de forma hábil por ese artefacto percusivo con chapitas en los bordes.
Otras manifestaciones de ingenuidad: Pablo Casado. Ya vemos que la ingenuidad es transversal. Normalmente lo ´habil es no enfrentarse a la pandereta, como el caso que nos ocupa y que habitaba espacios de Genova 13, pero en mi caso particular no voy a seguir ese modelo.
La pandereta Sanyuso, Ayuente. El pan nuestro de cada día. El equilibrio que España ha sido capaz de orquestar. La conveniencia de salas de guionistas de espacios de comunicación teóricamente vanguardistas en Sant Just Desvern o plaça Francesc Macià, por mencionar ejemplos que tengo ubicados.