Diría que estamos en un contexto global basado una bipolaridad (EEUU-China) que redefine el concepto de multilateralismo. Al final, el multilateralismo, el mundo basado en reglas, siempre exisitió, si bien, a partir de 2008, deja de haber un único prescriptor.
Las reglas del multilateralismo actual son una negociación entre ambas potencias, y eso fomenta un juego de alineamientos posibles que hace que las reglas sean más difusas.
En todo caso, el orden de poder, el llamado poder duro, sigue existiendo y define los espacios en que incurren actores multilaterales dibujando las lineas de demarcación del terreno de juego.
El caso de Ceuta es un ejemplo de acciones dentro de ese nuevo escenario de reglas difusas en que el ejecutivo español no puede estar si no totalmente incómodo. En este nuevo escenario caracterizado por el juego de alineamientos multiples (por diversidad polar) pero obligatoriamente posibles (dentro de la definición de posibilidad de los propios polos existentes), diría que hay un eje que conforma dos áreas diferenciadas que explican como se conforma algo que en occidente seguimos considerando clave y que es la base del gobierno actual: la gobernanza de multiples partes.
La gobernanza de multiples partes viene a ser la consideración de una multiplicidad de agentes para la toma de decisiones colectiva de las regiones políticas. En occidente, las decisiones son fruto de un dialogo entre multiples actores de naturalza diferente.
El eje que rige el posicionamiento de los diferentes concursantes del díalogo es el estado-nación. Según el nivel de adhesión a la idea de nación obtenemos las dos áreas que describiamos en constante dialogo y negociación. Por un lado, los grupos de corte más tradicional que enfatizan los rasgos más propios y las relaciones fraternales nacionales. Por otro, los grupos reactivos con estas ideas y que conectan con principios internacionalistas. El eje nación para ambos grupos es una frontera que delimita lo que estorba.
Esta conformación de espacios es la que permite un posicionamiento como el de Sánchez en la crisis de Ceuta, que es contraintuitiva pero con territorio. Es por eso que los defensores del espacio nacional deberían considerar ampliar su base de influencia atrayendo enfoques no conectados con principios relacionados con la tradición cultural autóctona si quieren articular una alternativa posible. En términos de marketing político actual, el Make Spain Great Again es precisamente eso, no reducir España a los que piensan solo cómo ellos.