En ese entonces la escena indie local fue poco a poco ganando relevancia a hombros de los modernos de los 90 -reacción higiénica y necesaria a los maquineros de polígono- con grupos que inicialmente apostaron por el inglés y que después casi en bloque arribaron al castellano.
Entre ellos en esta entrada nos paramos en Standstill; definidos como referentes por Santi Balmes, hicieron un producto que marcó bastante época. Letras un tanto muy emotivas y mucha verdad en todo lo que proponían; en las antípodas de cualquier forma de pose. Esa verdad que se evidencia en sus inicios en el hardcore y que hace que ponerlos en aleatorio dé como resultado sesiones de muy amplio rango de registro, con un toque esquizo.
Con el tiempo el hardcore se limitaría al alma de su propuesta, presentando en sus últimos discos formas más endulzadas y melódicas pero manteniendo alta una intensidad rítmica contundente y una lírica desgarrada más interiorizada que canalizada en formas socialmente reivindicativas.
Directos impecables hacían que sus fans repitiesen concierto tras concierto en busca de una esencia que los conectaba con su tiempo. Rabia del adentro vestida de pop.